Tuesday, June 06, 2006

Mi defensa tautológica de "Misión imposible 3"

(Atención: si no quieren enterarse del final de "Misión imposible 3" no lean este post).
Todo espectador entiende, aunque sea instintivamente, que hay varios tipos de credibilidad en el cine. En un film como “Hook, el retorno del Capitán Garfio” no rigen las mismas leyes físicas ni temporales que en una película que se pretenda mínimamente realista como “Perdidos en Tokyo”. La mayoría de los espectadores tomó a “Misión imposible 3” como un film perteneciente a esta segunda clase, es decir, una película con más asideros con la realidad, que comparte al menos las mismas leyes físicas de nuestro mundo y una supuesta falta de exageración y desmesura que el público entiende como realismo. Por eso no aceptan hechos supuestamente insólitos o casualidades que son físicamente posibles pero que no suelen aceptarse en obras que se propongan como realistas (del mismo modo se pronunciaron en contra de la última media hora de “Misión imposible 2”).
Pero así como Clinton dijo “¡Es la economía, estúpido!”, en el cine se podría decir “Es el estilo, estúpido” o quizás “Es el espíritu”. Las tres películas de “Misión imposible” no pertenecen a un supuesto género de espionaje al que tengan que respetar, sencillamente porque no existe un género de espionaje, sólo existen algunas constantes que pueden tomarse como punto de partida para desde ahí desarrollar una obra con sus características particulares. Hay tantos géneros dentro del supuesto género de espionaje como espíritus o feelings pueda tener una película. Del mismo modo, los tres films de esta saga no responden al espíritu de la serie televisiva, sólo toman algunos aspectos básicos (como la música, por ejemplo) pero construyen algo distinto partiendo de ahí. “Misión imposible 3” no tiene por qué tener el espíritu de la serie ni el espíritu de un film de espionaje “realista” o serio; a lo sumo, si le debe ser “fiel” a algo es a la historia y a las expectativas de emoción desarrolladas en los dos films previos. Me corrijo: ni siquiera debe serle fiel al espíritu de esas otras dos entregas, ya vimos que la segunda parte tenía un estilo totalmente diferente a la primera, y esto es así porque ambas eran obras de directores con visiones personales sobre lo que es el cine o sobre lo que ellos querían entregar en el marco de un tanque hollywoodense (y no es el único caso en que films de una misma saga tienen espíritus distintos). No, “Misión imposible 3” sólo debe serle fiel a una obra: a “Misión imposible 3”. Y por suerte lo cumple (y en este caso es algo valorable, no como en los films de “Scary movie”, por ejemplo, que son fieles a sí mismos pero no hacen que eso sea una virtud).
Durante los primeros tres cuartos de la película parece no haber desmesura ni rasgos de estilo particulares, y la narración transcurre sin presencia de escenas de acción realmente “imposibles” que nos hagan sentir un vértigo cinematográfico o que nos emocionen. Esto no es una crítica sino sólo una descripción, de hecho el film está lo suficientemente bien llevado como para poder disfrutarse sin complejos, con momentos de narrativa clásica (pero, repito, no exacerbada) de los que se destacan la misión en que los protagonistas secuestran al villano y el ataque que sufren en el puente, gran escena de acción que pone toda la carne al asador en términos visuales pero que no ofende a los espectadores que buscan esa supuesta credibilidad “realista”. Más tarde, Tom Cruise debe balancearse pendularmente entre dos edificios para entrar en uno de ellos, y ahí sí empezamos a sentir algo especial, un feeling de que estamos viendo algo “larger than life”, algo conscientemente ideado como un delicioso y delirante momento de puro cine (aunque dure pocos segundos), que se continúa con Cruise disparándoles a agentes de seguridad mientras va cayendo por el borde del edificio. Luego, en una decisión que podría parecerles extraña a muchos espectadores, el robo que hace Cruise en ese edificio no se muestra, sino que recién volvemos a ver al personaje cuando sale en paracaídas en otra escena delirante. Quizás esa escena del robo no fue incluida en el film para no hacerlo demasiado largo, pero, sea por el motivo que fuere, creo que el resultado es genial: de esta manera, una película con toda la plata (que se supone debería mostrar minuciosamente cada acción de las misiones que vive su protagonista durante su transcurso) logra diferenciarse, como diciéndole al espectador “A esta altura no te vamos a mostrar todo como exhibicionistas, somos realmente juiciosos y pondremos sólo lo necesario”. Y disculpen la minuciosidad de lo que sigue, pero los minutos finales del film aportan una pasión y un delirio cinematográficos tales que hacen necesarios su narración.
Cruise es apresado por los villanos, logra liberarse y se comunica telefónicamente con un compañero de trabajo que le indica a cuántas cuadras está su esposa secuestrada. Desde el momento en que Cruise abre la puerta del lugar donde estaba encerrado y la cámara se eleva para mostrar una visión panorámica de Shanghai y luego, en la misma toma, mostrar cómo nuestro héroe empieza a correr y cruzar puentes con el celular en mano, desde ahí podemos convencernos de que los que hicieron esta película (o al menos esta parte de la película) aman el cine. Esto sí es pasión, Cruise corriendo en una larga toma en la que (probablemente por algún efecto de postproducción, porque no creo que el tipo corra tan rápido) la gente a su alrededor se ve de manera muy difusa mientras él corre, corre, corre… (en los últimos años parece haber un descubrimiento de que ver a un personaje correr puede resultar liberador, trascedente, catártico y/o apasionante, por ejemplo en “Impulso adolescente” o “El abrazo partido”, y recordemos también la gran corrida de la historia del cine, la de “Los cuatrocientos golpes”).
Cruise llega al lugar donde está secuestrada su esposa, y cuando la está liberando siente el dolor insoportable de la carga de nitroglicerina que hay implantada en su cabeza, lo cual le entorpece en su pelea con el villano. De hecho, Cruise sucumbe y queda inutilizado hasta que ve que su esposa está a punto de morir, y ahí toma fuerzas de quién sabe dónde para darle con todo al villano sin que su propio dolor lo detenga, y mientras lo hace se agarra la cabeza con las manos, lo cual nos hace sentir cuán extrema tiene que ser esa comezón para que un agente experto, superentrenado y acostumbrado a todo tipo de dolor no pueda sacarse las manos de la cabeza mientras pelea con otra persona.
Finalmente, Cruise le pide a su esposa que le aplique una descarga de no sé cuántos voltios para inutilizar la carga de nitroglecerina y que luego lo reviva presionándole el pecho como suelen hacer los médicos. Todo esto lo dice tartamudeando de dolor, y también le enseñar a su mujer cómo se usa un arma por si alguien entra cuando él esté “clínicamente muerto”. En efecto, la descarga es aplicada y entran más villanos al lugar, con lo cual el papel heroico de la película deja de ser para Tom Cruise por un rato y pasa a manos de su esposa, lo cual, sin ser algo novedosamente espectacular, no deja de ser muy interesante y aporta otro toque de delirio. En efecto, la esposa liquida a una figura amenazante que no conoce pero que el espectador sabe que es el traicionero jefe de Cruise. Luego le devuelve la vida a Cruise y la primera reacción de éste al recuperar la conciencia es agarrar un arma y alistarse a disparar. Ahí termina todo este desaforado segmento en el que la película ganó emoción y temperatura. ¿Por qué lo describí de una manera tan minuciosa? Muy simple, para preguntar a continuación: ¿qué hay de malo en ese final? Yo sólo veo amor por el cine y pasión por dar momentos que sólo pueden ser experimentados en las películas.
Por eso “Misión imposible 3” es buena, sobre todo en su final: por el cambio que produce esa exageración creciente de su última media hora, por su valor de entretenimiento, por volver a mostrar en otra situación límite a un héroe cinematográfico al que ya habíamos visto balancearse en el aire silenciosamente sobre una computadora, volar por los aires por la explosión de un helicóptero dentro del tunel de un tren, colgarse entre montañas solamente como hobby, saltar al vacío desde lo alto de un edificio y tener un duelo típicamente cowboy pero subido a una motocicleta.
“Misión imposible 3” cumple con la finalidad de ser la película que tiene que ser. Esperemos que la cuarta parte también logre ser fiel a sí misma (y que eso sea algo bueno).

4 comments:

DrNitro said...

Esta crítica es como Misión Imposible III

no
tiene
sentido

DrNitro said...

bueno... eso fue un poco gratuito.

merrick said...

Lo quéee??? Esta crítica sí tiene sentido! Fijate: tiene sentido, por lo tanto, tiene sentido.
Si querés algo que no-tiene-sentido mirá "Alta tensión".

Anonymous said...
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