Thursday, March 08, 2007

Crónicas desde el Planetario: Pedro Aznar en vivo (sí, fue en enero, pero no me anduvo la PC por dos meses...)

Domingo 28 de enero, 20:30. Llegué media hora tarde al recital gratis que Pedro Aznar daría afuera del Planetario, pero, como suponía, al principio estaría tocando solamente Roxana Amed, quien no me interesaba tanto (a pesar de que llegué justo cuando interpretaba una interesante versión de “Durazno sangrando” de Invisible). Lamentablemente, la mayoría de los medios no había avisado que primero tocaría esta mujer, así que las 5.000 personas que pretendían ver a Aznar a las 20 tuvieron que soportar una hora de espera escuchando a una artista que no les interesaba. Por mí todo bien, pero me dio lástima por ella: en uno de sus últimos temas, la gente empezó a aplaudir antes de que terminara la canción por lo impacientes que estaban, pero ella, interpretando equivocadamente el motivo del aplauso, dijo “Bueno, vamos a hacer un tema más”, a lo cual el público le respondió “¡Nooo!”. Esa negativa sonó bien fuerte, pero ella siguió su plan y se mandó los últimos dos temas de su minirrecital.
A continuación llegó Pedro, solitario con su guitarra, y se mandó con “Lina de luto”, muy buen comienzo para un recital. Lo raro de este concierto es que había sólo un músico con su guitarra frente a 5.000 personas. Incluso él mismo llamó la atención sobre eso, diciendo que le alegraba este intento de “recitalcito de fogón pero multitudinario”. Las dos canciones que siguieron fueron la gloria para sus fans: “Tu amor”, de su repertorio junto a Charly García (canción reconocible ya desde los entrecortados rasgueos de guitarra del comienzo) y el romanticón (en el buen sentido) “A primera vista”, que casi se podría decir que es más conocida por la versión de Aznar que por la de su autor original, Chico César. Después siguió “Fotos de Tokyo”, que en versión acústica me gusta mucho más que la versión original del álbum del mismo nombre. Luego interpretó “A un gato”, un poema de Borges musicalizado por Aznar en 1999, en ocasión del centenario del escritor argentino, pero debo decir que, de ese proyecto de musicalización de poemas, yo hubiese preferido que tocase algo como “Buenos Aires” (nadie puede contra la frase “No nos une el amor sino el espanto, será por eso que la quiero tanto”).
El tema siguiente fue “Después de todo el tiempo”, bello pero un poco largo para mi gusto. Luego, Pedro invitó al escenario a Roxana Amed, que, remitiendo humorísticamente al rechazo previo que había sufrido por parte del público, dijo de manera autoconsciente “Otra vez yo…”. Y el tema que interpretaron en conjunto fue una versión en castellano de “Amelia” de Joni Mitchell, incluida en el último disco de Amed. Esto fue grandioso para mí porque amo la música de Joni Mitchell y ese tema en especial, que tiene una de las líneas de bajo más acogedoras que se hayan creado, pero no estoy muy seguro de que al público en general le haya fascinado este tema (la Mitchell no es muy “masiva” en la Argentina). Luego se fue la Amed del escenario y Pedro le rindió homenaje al fallecido baterista Oscar Moro (compañero suyo desde los tiempos de Serú Girán) interpretando un tema de Los Gatos (banda primigenia argentina donde también tocó Moro) que, según dijo, fue uno de los primeros rocks en castellano que escuchó en su vida: “El rey lloró”.
Entonces Pedro anunció una seguidilla de seis temas que formarán parte de su próximo disco, todos covers de canciones que él ama y que le “enseñaron” sobre el arte de escribir canciones. A continuación se escuchó una intro de guitarra que hizo aplaudir a todos los que la reconocieron, y los que no lo hicieron al instante sí aplaudieron cuando se escuchó el primer verso y resultó evidente qué canción era: “I was dreaming of the past…”. Sí, era “Jealous guy”, el enésimo cover de John Lennon que hace Aznar. Y después de un tema de un ex beatle, ¿qué podía sonar? Efectivamente, un tema de los Rolling Stones. Otra intro de guitarra inconfundible y otra canción romanticona en el mejor sentido: “Angie”. Después vino una en castellano: “Credulidad”, de Pescado Rabioso (tardé en reconocerla, aunque por la melodía y la letra era evidente que se trataba de un tema de Spinetta). Luego Pedro volvió al inglés para un tema de otro fallecido ex beatle: la gloriosa “Isn’t it a pity” de George Harrison, versionada en castellano. La seguidilla de covers de su próximo álbum finalizó con la cereza que faltaba: “Confesiones de invierno” de Sui Géneris. Si algo le faltaba a Aznar, era versionar a esa banda. Por si suena como una crítica, aclaro que no lo es, y que esta canción hoy en día le sale mejor a él que al propio Charly García, que ya no puede entonar tan bien (algunos dirán directamente que ya no puede entonar, pero no yo).
Volviendo a su repertorio más tradicional, Pedro hizo “Amor de juventud” y luego otra de las sorpresas de la noche: “Yo tengo tantos hermanos” de Atahualpa Yupanqui. Y siguiendo con Yupanqui, a continuación sonó como un hermoso regalo “Soledad, Jujuy, 1941”, uno de los poemas inéditos de Atahualpa que varios artistas musicalizaron en 1999 para un álbum tributo. Éste es, en mi opinión, el mejor tema de ese álbum, y hacía más de dos años que no lo veía a Pedro interpretarlo en vivo, así que escucharlo esa noche fue algo maravilloso, y se ve que mucha gente opinó lo mismo por los impresionantes aplausos que recibió. Luego, Aznar pasó al destornillador, y no, por enésima vez, no me refiero a la bebida, sino a la herramienta, que utiliza para tocar el bajo en “Muñequitos de papel”, un tema sombrío que le da pie para exhibir su maestría habitual en ese instrumento. Al terminar, Pedro se fue del escenario y, para los primeros bises, volvió nuevamente con Roxana Amed y su banda, para interpretar una gran versión de “Friends” de Led Zeppelin, incluida en el último álbum de Amed. Luego volvió a quedar solo y se mandó con uno de los temas que escribió dentro de Serú Girán: “A cada hombre, a cada mujer”, que suele usar para terminar sus shows. Efectivamente, Pedro se fue, pero regresó para el último bis, otro cover de John Lennon que sería la última de las 20 canciones de la noche: “Love is real”. Algún malintencionado podría acusar a Aznar de complaciente con su público, ya que los covers que eligió son fácilmente reconocibles y “masivos”, pero, como él mismo dijo, son las canciones con las que creció, las que siempre quiso tocar. De todos modos, lo que hace este repertorio de covers es confirmar que la relevancia de Pedro Aznar no es la que tiene como compositor, sino como instrumentista y cantante (su increíble y elástica voz es uno de los secretos a voces de la música argentina). Esto no quiere decir que no haya escrito buenas canciones, pero, dentro del total de su obra como solista, las composiciones propias ocupan bastante menos de la mitad, sobre todo desde que en los últimos años sacó álbums casi íntegramente dedicados al folclore argentino y a la música brasilera. Pero, más allá de si interpreta temas propios o ajenos, nada de eso habla de su calidad como prodigador de emociones: en eso, que es lo que realmente importa, es un grande.

1 comment:

lucía said...

Me hubiera encantado presenciar ese recital; estaba de vacaciones y ni me habia enterado que se iba a realizar.
Lo escucho mucho a Pedro y es uno de mis musicos preferidos.
Que bueno que hayas detallado el recital, realmente me agrado mucho.

Exitos.